"Un lector vive mil vidas antes de morir. Aquel que nunca lee vive solo una..."
GEORGE R.R. MARTIN, Danza de Dragones
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domingo, 5 de enero de 2014

Relato: TRISTÁN (I) (By Álex) + MAPA TIERRAS LIBRES

TRISTÁN (I)

Ya estaban llegando al Centro. Esto suponía un alivio para Tristán, estaba harto de tanto viaje. Encima él era el Comandante y por ello era el máximo responsable de aquella compañía que debía dirigir. << Maldita sea, de entre todos los líderes y comandantes… ¿por qué yo?>>. Uno de los problemas por los que estaba irritado era no el largo viaje que habían llevado a cabo desde las Tierras del Basilisco a las Tierras Libres pasando por Isla Jhar. Desde el primer momento había sido un viaje accidentado. Nada más embarcarse, en un puerto desastroso dedicado al contrabando, habían sufrido la primera tormenta. No es que fueran ineptos a la hora de la navegación sino que en el Mar de la Libertad el clima es impredecible y cuando menos te lo esperas te ralentiza un temporal o del mismo modo tu barco naufraga en una gran tormenta. Por suerte para la compañía la gran coca que los trasportaba, La Doncella Exótica, era resistente y había aguantado todo tipo de temporales y tormentas. Una semana después de haber zarpado llegaron a Isla Jhar, donde solo pasarían una noche; lo justo para que se les uniera la segunda compañía con la que compartían destino. Una vez se les había unido la nueva compañía se hicieron de nuevo a la mar, ahora con dos nuevas incorporaciones; una galera llamada Viento Sureño y una pequeña goleta sin nombre donde iban los restantes de la Segunda Compañía. Por segunda vez tuvieron suerte y tardaron menos de lo esperado, una semana y media, en llegar al puerto de Torreón Liberto’s donde les estaban esperando una guarnición de mercenarios que los acompañarían hasta el Centro. Durante el viaje Tristán había vivido grandes emociones, la que más le había gustado era la que ocurrió cuando estaban a tres días de llegar a puerto. Era un día soleado e incluso se podía estar en cubierta sin miedo a que llegara un temporal que arrasara con todo lo que había en cubierta, incluidos hombres. Tristán había salido a despejar sus ideas puesto que, debido a su recién adquirido puesto como comandante, estaba bastante estresado. Su tarea en aquel momento era controlar que toda aquella chusma mercenaria no se peleara ni organizara ningún tipo de espectáculo como un motín por ejemplo. <<Aunque no lo parezca, controlar mercenarios sedientos de oro y riquezas es complicado…miento, si parece complicado>>. Una vez en cubierta no se arrepintió de haber salido de su lúgubre camarote o lo que era su prisión de papeles. Por lo que parecía no iba a haber ningún problema, llegarían dentro del plazo previsto, no había habido ningún incidente y solo habían muerto dos mercenarios. Todo perfecto. Se podía permitir descansar. Eso pensaba hasta que tras haber descansado escasos en una hamaca en  minutos oyó algo que provenía de la popa de la gran coca. Estaba lejos para oírlo pero su deber como comandante le obligaba a ir a ver qué pasaba. Pronto se arrepintió. Según pudo comprobar estaban organizando una pelea a navajazos. Nada más llegar a la zona del conflicto se detuvo a escuchar la causa por la que batallaban. No le costó puesto que entre insultos y obscenidades se echaban en cara lo que había llevado al conflicto.

-          Tu madre sí que es una bastarda... seguro que naciste de la lujuria entre tu madre y un mono. Mírate la cara.- Gritaba Paran en lenguaje antiguo claramente para que no le entendiera el comandante. Paran era un hombre fornido moreno de estatura media con los ojos negros azabache y una melena lacia y negra que le llegaba por los hombros.

Tristán había ocultado a su compañía ciertas cosas cómo que entendía y hablaba perfectamente la lengua antigua. Le había servido para prever algunos complots y planes de motín. Por lo que pensaba Tristán era otra típica pelea entre mercenarios por unos insultos mal intencionados. Pero la pelea continuó.

-          Mi cara podrá ser de mono pero tú has heredado la cola de tu padre. Por lo visto un cerdo.- Dijo Rasul, su contrincante. Rasul era más alto que Paran con los ojos marrones y el pelo más corto. Era mucho menos fornido que él pero más esbelto.

Aquello al parecer fue la gota que colmó el vaso. Ambos se lanzaron ataques con las navajas y dejaron de hablar mientras un tumulto de gente crecía alrededor de ellos. Ese tumulto había empezado a realizar apuestas por el ganador y también habían comenzado a avivar más aún la pelea. Tristán tenía que hacer algo. Con una picardía propia de él se dirigió hacia donde estaba el organizador de apuestas y tejió con suma pulcritud su plan.

-          Disculpe señor, me gustaría apostar- Dijo cortésmente en lengua vulgar, la que entendían aparte del lenguaje antiguo. El organizador lejos de amedrentarse ante el comandante siguió su juego.
-          Perfecto. Tú decir quién tú apostar por.- No dominaba la lengua vulgar siquiera. El organizador le sonreía mientras esperaba su respuesta.

-          Por Tristán.- Ahora era él el que sonreía de oreja a oreja.
-          Creo que yo no entender. Tú no participa, comandante no deber.- Entonces ahora sí que sabía quién era.
-          Yo decidir lo que yo querer hacer. Estúpido. Ahora apuesta mil monedas de oro por mí en mi nombre.- Sabía que iba a ganar y si perdía no podría dar tanto dinero.
-          Sí señor comandante.- Ahora lejos de sonreír sudaba a mares y denotaba preocupación.

Tristán entonces se dirigió hacia el círculo ya completamente formado y poco a poco entró en la zona de lucha. Una vez dentro observó, para su suerte, que todavía no estaban heridos así que sería una victoria justa. Los combatientes cuando lo vieron palidecieron. Por lo visto ya se había granjeado una buena reputación entre aquella chusma de mercenarios que tanto quería.

-          Estupendo, ¿quién quiere ser el primero o seréis los dos a la vez?- Dijo Tristán en leguaje antiguo para provocar. Él era todo sonrisas pero sus oponentes estaban realmente asustados.- Bueno, veo que no empezáis empezaré yo pues.

En menos de dos minutos había hecho caer a Rasul. Era alto y esbelto pero muy torpe. Con una finta rápida Tristán se había colocado detrás de él y lo había derribado con una patada bien colocada. Una vez en el suelo Tristán tiró de una patada la navaja que tenía Rasul en la mano hacia el tumulto que había comenzado a callarse. Rápidamente colocó su rodilla entre los omóplatos de Rasul y le había agarrado los brazos detrás de la espalda. Sometido finalmente Rasul se había rendido. Paran había aprendido de su anterior contrincante y en vez de quedarse petrificado había salido corriendo con la navaja en pos de Tristán. No le sirvió de nada. Con un golpe de revés le quitó la navaja y acto seguido la lanzó a ras de suelo. Ya sin armas Paran desesperado había atacado a Tristán con todo lo que tenía. El combate acabó con Paran en el suelo agonizando por un puñetazo que había focalizado Tristán en el bazo de Paran para que el combate acabara rápidamente.

Aquel día le había salido todo rodado. Había conseguido imponer el orden entre los mercenarios y ganado su respeto. <<Además me divertí bastante…>> Ahora sonreía recordando la hazaña. A sus veinticinco años ya era comandante después de haber sido durante la mayor parte de su adolescencia mercenario y en su niñez ladrón.  Tristán era un chico que llevaba marcado en todo él la marca de las Tierras Libres, excepto por sus ojos. Era un joven apuesto de estatura alta moreno con los ojos verdes y el pelo negro largo y revuelto. No estaba demasiado musculado y era más bien esbelto antes que fornido. Le gustaba vestir túnicas y trajes típicos de su ciudad de procedencia, La Gran Mirosh. <<A decir verdad, la gran mierda>>
Unos días después de llegar a Torreón Liberto´s, su segunda parada, había tenido una audiencia con el Gran Maestro Hemen señor de Torreón Liberto´s, una de las ciudades libertas. En esa audiencia el Gran Maestro le aconsejó unir a sus filas bajo una jerarquía donde poder controlar a sus mercenarios. Sería extraño que el Gran Maestro se preocupara de sus asuntos si no fuera porque “sus mercenarios” habían causado estragos en su pequeña ciudad portuaria. No fue después de proferirle diversas amenazas y de fuertes discusiones cuando había encontrado oportuno dar el consejo. Después de una larga reflexión llegó a la conclusión de que el Gran Maestro tenía razón en vez de esperar a que sus filas se destrozaran mutuamente debía unirlas bajo su gobierno, así también contentaría a su jefazo en el Centro. Después de toda la noche trabajando cuando amaneció hizo traer a los que él creía que serían los mejores para el gobierno de la nueva compañía que crearía: La Compañía Antigua en honor a las costumbres de los mercenarios. Aunque su tienda no era gran cosa, el Gran Maestre les había concedido poder establecer campamentos en torno a la ciudad, causó el suficiente impacto en los mercenarios. Los elegidos eran Rasul, Paran, Chiman, Umang, Khajir y Devanshi. Rasul y Paran eran los mercenarios que habían organizado aquel combate. Tristán sabía que tras aquella humillante derrota no tendría más fieles seguidores que ellos o al menos no permitirían que nadie le matara antes que ellos. Chiman era un señor adulto de unos cuarenta años con experiencia en mil batallas y que le serviría en sus propósitos. Umang un joven mercenario que tenía deseos de grandeza y que podrían resultar útiles. Khajir era simplemente un mercenario común pero que tenía el consagrado el arte del espionaje. Finalmente Devanshi, la única mujer de la Compañía, era una mercenaria inteligente y con dotes de comando y por lo que parecía era una mujer honorable.

-          Os preguntaréis por qué razón estáis aquí reunidos. La respuesta es fácil y no quiero alargar mucho más esto. A partir de ahora tendréis puestos específicos en la compañía y lideraréis a una guarnición que os asignaré posteriormente.- Dijo Tristán cansado y con ganas de dormir. Ya hablaba la lengua antigua, de nada servía ya ocultar su conocimiento.

-          Si mi señor nos da permiso nos marcharemos inmediatamente.- Dijo Khajir. Los demás asintieron.
-          No, sería una tontería haceros venir para nada. Rasul, Paran adelantaos.- No tardaron en obedecer. Tristán tenía razón, se había ganado su respeto.- A partir de ahora seréis los encargados de mantener la paz entre la Compañía Antigua, sí ya tiene nombre. En este momento os asciendo a Pacificadores.
-          Gracias comandante, es un honor…- No terminó, Tristán no tenía tiempo para tanta parafernalia.
-          Podéis retiraros Pacificadores. Chiman adelántate.- Los Pacificadores se marcharon y Chiman obedeció.- A partir de ahora eres el Maestro de Armas. Eres el comandante de batallas. Te encargarás junto a mí de dirigir a los mercenarios.
-          Si os place comandante, también es mi deseo.- Dijo Chiman solemne.
-          Podéis iros. Agilicemos las cosas…Umang avanza- Ya no aguantaba más el sueño.- A partir de ahora serás el Administrador. Tengo entendido que se te dan bien las cuentas y de buena gana administrarás esta Compañía.
-          Sí, me place y me gustaría retirarme a descansar.- Era demasiado atrevido y engreído, pero no quería discutir.
-          Pues marchaos. Khajir avanza. A partir de ahora serás mis ojos y mis oídos dentro de la Compañía. Ahora sois mi Espía Interno.-
-          De acuerdo comandante.-
-          Finalmente, Devanshi. Ahora señora seréis mi ayudante. Me aconsejareis en todo lo que podáis y solucionarás aquello que yo no pueda.-
-          Comandante, no creo que pueda con tal cargo.-
-          No te preocupes, realmente esto no servirá de nada. Solo es para mitigar los deseos del Gran Maestre y que nos de su salvoconducto hasta que la guarnición de mercenarios esté lista.
-          Ya pero yo…-
-          No acepto peros. O te conviertes en mi consejera o nada.-
-          Soy mujer, ese es el problema.-
-          Ah…era eso. No te preocupes. Nunca en mi compañía permitiré que se trate mal a una mujer y menos si es mi consejera. Lo juro por mi honor aunque no tenga.-
-          Si es así…seré vuestra consejera. Me retiro.-

Una vez hecho el nuevo gobierno de la Compañía, el mismo día, la nueva guarnición de mercenarios estuvo lista y continuaron su viaje al día siguiente. El viaje había durado dos semanas pero Tristán por fin podía divisar el Centro, por lo que parecía solo estaban a medio día de camino. Después de todo por lo que habían pasado para llegar les suponía un alivio. El recorrido durante el viaje en sí, no había sido el problema sino todo lo demás. Habían salido de Torreón Liberto’s antes del amanecer; cuanto más camino anduvieran sin la abrasadora luz del Sol más a su favor. No era el Desierto de Mantyo’s pero aún así la tierra era arenosa, el clima desértico y por mucho que buscaban no había indicios de civilización. Ya les habían avisado pero Tristán y los comandantes de las otras compañías de mercenarios decidieron que era mejor tomar la ruta desértica que viajar por el Camino Libre. El Camino Libre era una ruta que recorría todas las Ciudades Libertas y llegaba incluso a las Tierras Malditas, pero no era la mejor la opción para los mercenarios comprados para realizar asedios y demás comandas. Si recorrían el Camino Libre pronto correría la voz sobre unas compañías que tenían como destino el Centro y como no debían matar a los pobres campesinos y comerciantes, era mejor ir por las rutas desoladas y desérticas. El paisaje que Tristán había visto durante todo el viaje era una vasta llanura de arena  color dorado junto con sedimentos de diversos tipos de piedras. Alguna vez divisaba alguna montañita pero las que veían estaban lejos de convertirse en la Sierra Zorrak o el Monte Grisosh. Al principio había llegado a odiar aquellos páramos y tierras desoladas pero finalmente empezaba a gustarle todo aquello. Lo que más le gustaba era la poca fauna que había, sus mercenarios no corrían el riesgo de ser atacados por arpías, esfinges, escorpiones alados y todo lo que habitaba por las Tierras Malditas y algunas zonas sagradas. En cambio sí que habían visto algunos leones del desierto, zorros y animales carroñeros tanto por tierra como por aire, pero eran inofensivos. En el momento en que veían cuantos individuos eran abandonaban rápido la idea de atacarlos. Todos excepto una leona del desierto que al parecer estaba protegiendo a su manada. La leona había azotado a la Compañía Antigua durante tres días hasta que se habían alejado lo suficiente de su manada. Algunos de su consejo le habían dicho que lo mejor era deshacerse de la leona y matarla; había llegado a causar cuatro muertes.

-          La leona no sufrirá daño alguno.- Había dicho Tristán en tono que conllevaba a la no-réplica.
-          Pero… qué más da una leona, hay más en el mundo y esta nos está tocando los cojones.- Había dicho  Chiman y Rasul asintió en tono de aprobación.
-            Te lo diré de otro modo. Ahora nosotros somos los leones y ella es una madre que protege a su familia. ¿La matarías? O la dejarías vivir en paz.- Tristán había soltado el anzuelo que esperaba que pillaran.
-          Pero comandante…no es lo mismo.- Dijo Chiman.
-          Para la pobre criatura sí lo es. Ahora responde a mi pregunta. ¿La matarías?-
-          Si mi comandante lo ordenara sí…-
-          Creo que debería buscarme a otro para este puesto. No solo pido obediencia sino que también pido honor y personalidad. ¿De qué me sirve un consejo si no me aconsejáis? Solo obedecéis.- Era una mentira a medias porque Devanshi tenía los huevos que le faltaban al resto y replicaba en todo lo que podía y aconsejaba lo idóneo cuando debía. Por otro lado tenía a Umang que era un buen administrador pero pecaba en arrogancia. Aún así cumplía su deber.- La leona vivirá, lo ordeno y punto.- Ya enfadado sentenció la reunión del consejo. Había cogido cariño a la leona. << No, a la leona no. Al simbolismo que conlleva su hazaña>> Al día siguiente la leona se había alejado por fin. Devanshi había contabilizado las muertes; solo ascendían a seis. La cifra era menor que la que había de muertos por enfermedades exóticas o simples peleas.

Después del incidente de la leona solo había habido tranquilidad entre su Compañía Antigua. En las dos compañías restantes que se les habían unido, no había orden así que Tristán decidió que antes de que se propagara la ola de rebeldía, lo cortaría de raíz. Hizo llamar a los comandantes de las otras compañías. Uno se llamaba Quentyn y el otro Merro. Quentyn era de unos treinta años, pero se notaba que era fuerte y capaz. Era de estatura media y tenía el cuerpo bien estructurado. Tenía todas las características propias de su lugar de procedencia, el paraíso exótico de Dhelir a mil leguas o más de donde estaban. Era de piel aceitunada, moreno con el pelo castaño largo y liso con ojos color negro como la noche. Merro no era tan exótico; simplemente era un mercenario procedente de Toller que había tenido la suerte de convertirse en comandante. Como él. Era más alto que Quentyn y más mayor seguro. Su piel era de color negro, característico de Toller, el pelo lo tenía rizado y también negro y sus ojos eran de color marrón. Tristán obligó a los dos a crear un propio consejo puesto que ellos también debían llegar con un número aceptable de mercenarios y entre discusiones y peleas ya llevaban cincuenta bajas cada uno y algunos muertos también. Al principio no aceptaron el consejo que les había dado, pero cuando vieron que funcionaba tardaron poco en estructurar sus filas. Su Compañía Antigua era la más numerosa de unos tres mil mercenarios, después le seguía la Compañía Azul de Quentyn con unos mil mercenarios y finalmente la Compañía Amarilla de Merro con unos quinientos. Eran en total unos cuatro mil quinientos o más mercenarios con destinación al Centro que estaba situado a orillas del Río Liberto. Tristán ya llevaba cinco años al servicio de aquel Centro y sabía que había más a lo largo del mundo, pero aquel era especial dado que se dedicaba a capturar esclavos para entrenar un don que tenían o algo así. Según lo que le había dicho su jefe su objetivo en las Tierras Libres era expandir sus territorios. Tristán no sabía cuál era el objetivo final de expandir sus territorios pero aceptó su misión de conseguir una buena compañía y regresar al Centro con un buen batallón para atacar próximas destinaciones. Por lo que sabía básicamente el Centro controlaba todas las ciudades libertas no entendía el porqué de buscar más territorios.

Pero pronto lo sabría, ya habían llegado ante el Centro. Ahora empezaba la acción para Tristán. 
  
TIERRAS LIBRES BY ÁLEX






  

martes, 31 de diciembre de 2013

Relato: LA DOMADORA DE BESTIAS (III) (By Álex)

LA DOMADORA DE BESTIAS (III)



Después de tres largos días Ele ya había decidido cuál sería su siguiente paso: colarse en la Torre del Centro y conseguir todo aquello necesario para poder huir de aquel infierno. En principio, el plan sería perpetrado por el Trío Rebelde pero después de la discusión con Cat y la repulsión del plan por parte de Jandro, había sido ella quien lo había planeado y quien lo llevaría a cabo en un futuro. Estaba destrozada, sus mejores amigos y sus compañeros de batalla le habían fallado. Se sentía sola, pero aún así tenía la suficiente fuerza y el ímpetu necesario para seguir adelante. No solo sentía dolor emocional también tenía secuelas de su última Doma, o así quería llamarlo. << Para algo soy la Domadora de Bestias, para domarlas y someterlas a mi voluntad>>. Después de conseguir escapar de la sala de administración llegó a duras penas a su habitación después de varias horas de confusión y desamparo. Según le había dicho su gato, el problema era que la Doma que había realizado era demasiado para su capacidad y por ello se sentía tan desorientada y confusa. Pero no era lo único, una vez llegó a su apartamento, cayó derrumbada en el suelo y, según el gato, se desmayó durante bastantes horas. Durante todas ellas había tenido pesadillas horribles que abarcaban desde el incendio del Centro hasta una libertadora que arrasaba una ciudad rebelde. Eran pesadillas horribles donde se veía obligada a presenciar todo lo que ocurría sin poder hacer nada. Después de estas pesadillas llegaron las Pesadillas de Doma. Según Pequemiau, cuando se realizaba una incursión no controlada durante demasiado tiempo se producía una conexión entre el huésped y el intruso. En este caso se habían conectado de forma empírica compartiendo pesadillas nocturnas. Por suerte para ella, pronto acabarían aquellas pesadillas horribles. Igualmente, Ele había notado cierta preocupación en Pequemiau a medida que le iba contando los problemas y las aventuras. <<Su misión es protegerme. Por eso se preocupa>>. Luego llegó el dolor físico. Esto era nuevo, le había empezado a ocurrir ala tercer día. Había preferido no decir nada a Pequemiau. << Además, solo es un simple dolor en el brazo>>. No había querido preocuparse tampoco, debía planear un asalto. El plan era simple, por eso no había gustado a Jandro o porque lo había explicado de manera demasiado sencilla. Según Ele, el plan era colarse en la Torre del Centro con las claves de acceso por la medianoche y llegar al despacho de Información, que se encontraba en la parte media de la torre. Claro, para Jandro, era imposible pero para ella no. Podía domar a quien quisiera y con ello conseguirlo. Pequemiau le había advertido que ese poder no se debía usar de esa manera porque conllevaba unos riesgos demasiado altos, que nunca había querido explicarle. Pese a todo Ele estaba decidida. Esta noche iba a ser el gran salto.

Se encontraba en su escritorio contemplando sus atriles con varios cuadros que estaba pintando. Eran imágenes que había visto en sueños. Pequemiau le había obligado a pintar todo aquello que soñara. Ahora tenía toda su sala de estar y dormitorio lleno de cuadros de catástrofes. El sueño que más le había impactado era el de la chica libertadora. En el sueño, una chica mayor que ella, con la imagen borrosa, atacaba una ciudad tras otra para liberar a todos aquellos que estaban sometidos. Pero la mancha de la muerte se cernía sobre ella e iba todo el rato tras ella. En el sueño la chica no poseía nada, estaba vacía, le faltaba algo que estaba buscando, pero no podía encontrar. Otro sueño que la perturbaba era una chica de imagen borrosa también que tenía en su poder a tres sombras poderosas. Una en la tierra, otra en el aire y otra en el corazón. Con estas sombras avanzaba en solitario por un bosque en busca de alguien, mientras se alejaba de una nube borrosa que poco a poco iba dejando atrás. Y el que más miedo le daba era el que la hacía despertarse sobresaltada y empapada en sudor en plena noche. Una guerra entre dos bandos. Uno era la propia luz y lo bueno; el otro eran las sombras y lo malo. En esa guerra moría mucha gente y se destruía todo aquello a lo que tenía aprecio. Pero lo peor era cuando un gigante hecho de sombras estrujaba la luz que quedaba en un trío de personas. Todos eran sueños horribles y seguro que significaban algo. << Pequemiau no me lo quiere decir, pero él sabe qué son>>

Eran las once, solo una hora para el asalto. Debía de comenzar a preparase. Se levantó de la silla de su escritorio y recorrió el apartamento hasta el Abrevadero de las Almas, donde se prepararía para lo que estaba a punto de hacer. El apartamento estaba desordenado, había muchas cosas tiradas por el suelo desde ropa hasta libros. << Cat y Jandro si ven esto me matan…>>. Después de pensar en esto se sintió despreciable. Se sentía egoísta, siempre pensaba en ella misma pero nunca en los demás. A lo mejor Cat no quería irse porque le iba bien en el Centro, a lo mejor Jandro no quiere irse porque se siente a gusto y está cansado de luchar. Agarró una foto que tenía de los tres que tenía en el recibidor del apartamento. << Siento lo que os he hecho… pero es importante para mí>> Dio la vuelta a la foto y ascendió por las escaleras que llevaban al Abrevadero de las Almas. Al llegar observó que Pequemiau no estaba. <<Seguro que se ha marchado a gatunear por ahí>> pensó divertida.  Se sentó en el sofá puf, de color azul lapislázuli que tenía en la sala y comenzó a rezar con su interior y su madre. A veces sentía que estaba cerca de ella y le reconfortaba. Se sentía vacía, no tenía amigos y su protector ni siquiera estaba para ayudarla. Después de unos cuantos minutos de reflexiones tristes y rezos a su madre, se levantó y se dirigió al baúl que había en la sala. Era un baúl especial, había pertenecido a su madre y ahora era suyo. Era precioso. Era todo azul excepto la cerradura y las bisagras que eran de color oro. El baúl estaba estampado con lo que parecían blasones. Esos blasones eran estrellas que tenían en el centro a un gran león y las estrellas estaban atravesadas por una flecha en el centro. Cuando preguntó a Pequemiau el porqué de ese estampado, el gato bufó y se marchó rápidamente << Algún día averiguaré qué pasa con ese blasón. Aunque no quiera Pequemiau>>. Abrió el baúl con la llave-colgante que tenía y dentro encontró lo que estaba buscando; el traje de Domadora de su madre. Cuando Ele se había encontrado mal durante estos días, le había pedido a Pequemiau que le hablara de su madre. En poco tiempo había averiguado nuevo información sobre su madre y familia. Ya sabía que su madre tenía el mismo poder que ella, la Doma de Bestias, pero lo que no sabía es que pertenecía a una organización de Domadores de Bestias. No consiguió averiguar cuál era su objetivo ni mucho menos, Pequemiau no había querido indagar más en el tema. Pero sí que le había contado grandes cuentos e historias sobre la Edad de Los Héroes y sobre las guerras que habían ocurrido en aquella época. Después de todo, incluso había conseguido permiso de Pequemiau para poder abrir el baúl << Aunque, si me da permiso para abrirlo me dará permiso para ponerme el traje de mi madre ¿no?>>. Sacó el traje de Domadora de su madre y lo puso delante del espejo. Era espectacular. El traje se componía de una túnica prácticamente medieval con una coraza con un blasón en medio del parapeto y unas mallas a juego con el traje. Se sintió instigada a ponerse el traje, a pesar de que le quedaba grande, y acabó decidiendo ponérselo. Poco a poco, con una delicadeza impropia de ella, empezó a ponerse todas las prendas. Cuando había acabado parecía una verdadera caballera con una coraza estilizada y que no pesaba nada; es más…se sentía ligera y hábil, como una sombra. Lo único que le faltaba eran las botas y el látigo de Doma que estaban dentro del baúl, pero tampoco iba a equiparse completamente; solo quería probar. Se empezó a quitar la ropa cuando algo mágico sucedió. Su mano rozó el estampado del parapeto en la coraza y empezó a brillar con una luz esplendorosa. La luz empezó a emanar del estampado central, igual que el del baúl, y se extendió por todo su traje. La luz empezó a cegarla, así que cerró los ojos y cuando los abrió descubrió algo impresionante; las prendas se habían adaptado a su forma física e incluso se habían modernizado. Ahora el traje era todo en sí, un peto color verde oscuro con una coraza ligera de color negro, compuesta de hombreras, unido por un cinto, donde había vainas vacías. No sabía si había sido la magia del traje o el nuevo poder que sentía dentro lo que la llevó a ponerse la equipación completa, pero lo hizo. Las botas también se adaptaron y el látigo se lo aferró al cinto. Todavía quedaban vainas vacías donde debían de ir armas de corto alcance, pero le bastó con ello. Una vez estaba equipada y ya había perdido aquella sensación de incredulidad ya era casi la hora del asalto, así que bajó al piso de abajo y salió por la puerta a hurtadillas.

El toque de queda ya había pasado hace mucho y sabía que no encontraría a nadie por los pasillos, pero aún así caminó silenciosa como una sombra. Era como si el traje favoreciera ese silencio y esas habilidades y gracias a ello, llegó rápidamente al acceso entre el ala central y la Torre del Centro. Usó la clave y consiguió entrar. Por suerte no habían apostillado guardias en el acceso principal, pero sin duda se encontraría con más en cuanto avanzara por el pasillo y ascendiera a través de la torre. La Sala de Información se encontraba en el quinto piso de la torre, a medio camino de la Sala Presidencial en el décimo y último piso. Sabía que no sería fácil llegar pero con suerte no causaría muchos problemas. Por lo que veía no había nadie guardando la escalera principal de subida al piso de arriba. Tenían ascensor pero sería una locura subir directamente al quinto piso. Alertaría a todos los guardias. Se dirigió cautelosamente hacia la escalera de subida. Una vez llegó allí, comprobó que no había ningún guardia en las escaleras que subían en forma de caracol y empezó a ascender por ellas. Llegó al primer piso agachada y con el corazón latiéndole a mil por hora tanto por la adrenalina como por el miedo que tenía a que fuera descubierta, pero no había nadie. O los guardias estaban de huelga o eran unos holgazanes por que no veía a nadie. Ya confiada se acercó hacia el siguiente ascenso. Otra vez vacío el piso. Volvió a subir por las escaleras una tercera vez para llegar al tercer piso. Parecía una locura, pero no había ningún guardia que estuviera por allí. Iba demasiado confiada pero… ¿qué podía pasar? Aquello estaba demasiado vacío y parecía que nadie iba a aparecer. Llegó al siguiente ascenso prácticamente tranquila y sin el pulso acelerado. Subió sin ningún tipo de sigilo al cuarto piso. Una vez había llegado ya al cuarto piso, se dirigió directamente hacia la escalera de ascenso al siguiente piso. Fue entonces cuando oyó la voz:

-          Oye Chuck, yo acabo de oír algo que viene de la zona de las escaleras. ¿Deberíamos ir a mirar qué es? Bastante que estamos los diez guardias jugando al póquer.
<<¡Diez! Y están todos aquí jugando al póquer… maldita sea, ¿qué hago? Por favor no os molestéis, no os levantéis por favor…>>
-          ¡Vete tú mierda! Para algo eres el puto novato. JAJAJAJAJA.- estaban en su mayoría borrachos y se reían del chico novicio- Venga. A qué esperas… vete a mirar. JAJAJAJAJA. A lo mejor encuentras algo y todo.- Se rieron todos y siguieron jugando.
Ele ya no podía más con esa sensación de  miedo, no tenía donde esconderse y seguramente si volvía atrás la detectarían. << Tengo que hacer algo… ¿pero qué?>> Ya era demasiado tarde el chico novicio iba en dirección a ella y parecía haberla visto. Estaba paralizada de miedo.
-          ¡EH! Aquí hay alguien… tú ¡no te muevas!
-          Marlo, qué coño hay ahí… encuéntralo y tráelo. JAJAJAJA. Las ratas no son personas subnormal.
-          No, ahí hay alguien joder, voy a por él.
-          Sí, sí. JAJAJAJAJAJA.- Empezaron a reírse a carcajada limpia.
<< Maldita sea he de hacer algo…>> Ele usó todo el valor que tenía y comenzó a recobrar la movilidad justo a tiempo. Justo cuando ya había llegado.
-          Qué demonios…

No le dio tiempo a acabar la frase, Ele le miró a los ojos y inició la Doma. Penetró dentro de él…pero algo iba mal. No conseguía adentrarse lo suficiente… le repudiaba… No, no era él. Era ella. El dolor que tenía en el brazo repudiaba el contacto. Regresó a su mente… estaba agotada. La Doma no había surtido efecto. Tenía que volver a probar de nuevo. El novicio se estaba desmayando, tenía que conseguirlo rápido. Corrió hacia él y palpó su pecho y entonces intentó de nuevo entrar. Empezó a entrar por la mente del chico pero algo no marchaba… no conseguía encontrar la vía correcta. Se llegó a equivocar tres veces y a la cuarta salió despedida de nuevo a su cuerpo. Estaba exhausta…no había funcionado. Era como si su cuerpo no quisiera la Doma. Pero eso no era lo peor. El intento de Doma había sido demasiado para el pobre chaval. Ahora estaba en el suelo gritando a pleno pulmón. Los guardias se habían alertado y ahora ya iban hacia ella. Se tenía que mover pero estaba demasiado cansada… no podía hacer nada. Solo quería descansar…pero no podía. Se levantó a duras penas e intentó dirigirse hacia las escaleras como última salida. Pero ya la habían detectado. Tres de los nueve guardias restantes se habían quedado con el chico. Los otros seis iban hacia ella. No iba lo suficientemente deprisa y ni siquiera podía caminar sin hacer eses. No podría continuar…pero tenía que hacerlo. Las primeras lágrimas asomaron en los ojos de Ele. Por el cansancio, por sus amigos, por todo pero… ¡debía conseguirlo! Avanzó más rápido tambaleándose pero llegó a las escaleras. Eso le dio acopio de valor y empezó a correr escaleras arriba pero tres guardias iban tras ella, a distintas alturas de la escalera, y otros tres apuntaban con sus armas, bajo la escalera…esperándola. El que iba detrás de ella la agarró del pie y tiró hacia atrás de él. Se pegó de bruces contra los escalones. Estaba todo perdido… pero de repente algo pasó. De repente se sintió poderosa y con el valor suficiente para luchar. Giró todo su cuerpo de manera que el guardia se viera forzado a soltar la pierna. El guardia no soltó la pierna pero Ele ahora podía usar su pierna izquierda. Empezó a dar patadas al guardia hasta que soltó su pierna. Luego como un acto reflejo, sacó el látigo y lo usó para agarrar el cuello del guardia, ahora expuesto a Ele. La cuerda del látigo se tensó en torno al cuello del guardia y empezó a forcejear con la mano que no tenía herida...demasiado tarde. El segundo guardia ya llegaba y fue entonces cuando con una fuerza de Bestia Ele empujó mediante el látigo al primer guardia contra el segundo. Se estamparon los dos y en un choque fortuito se dieron de bruces contra la pared. Dos menos, supo al instante. Replegó su látigo y esperó al siguiente. Tenía a su favor que estaban borrachos y que eran unos cobardes. Pronto llegó el tercero, pero esta vez Ele estaba preparada. Desplegó el látigo y esperó a que el otro hiciera algún movimiento. El muy tonto atacó primero y con una gracilidad y elegancia increíble, Ele esquivó el envite del guardia. Usó el látigo y lo enroscó en torno a la cintura del guardia. Volvió a tirar de él e hizo al guardia caer escaleras abajo pero desafortunadamente en un último intento el guardia agarró del brazo a Ele y cayeron juntos escaleras abajo. Cuando llegaron abajo, Ele se levantó herida y supo que tenía otro oponente menos. Se había desmayado por el impacto, puesto Ele había caído encima de él. Cuando se irguió finalmente sabía que estaba perdida, ahora tendría que lidiar contra seis oponentes. Era demasiado…estaba herida, cansada y le dolía demasiado la cabeza por culpa de la Doma. Fue entonces cuando una voz le dijo:

La Doma no solo sirve para controlar…también sirve para sosegaaaar…

Lo captó. Tenía que hacer caer a los restantes con su poder sin necesidad de controlarlos pero cómo. Entonces por un instinto levantó la mano e hizo un arco con ella apuntando a cada uno de los guardias restantes. Entonces pronunció:

-          La Bestia del control puede escapar, pero de su Domador nunca renegará.

Un halo de luz iluminó los cuerpos de los guardias y cayeron al unísono en un letargo profundo. Se había acabado, incluso el chico que había enloquecido se había callado. Era su oportunidad, ahora ella conseguiría lo que venía a buscar. Ya no podía más… su cuerpo le pedía clemencia y su cabeza le suplicaba pero finalmente llegó a la Sala de Información en el quinto piso. Era como cualquier otra sala pero era como una biblioteca donde tenían archivado toda la información de la que disponía el centro. Por suerte, ella solo tendría que usar la clave de seguridad para acceder a la sala y después otra para acceder al ordenador central y adquirir la información.


Ya estaba a punto de amanecer cuando consiguió todo lo que quería. Era el momento, ya tenía lo que necesitaba y ahora incluso Jandro se uniría al plan. <<Ahora podremos escapara, nada lo impedirá y ahora por fin sabremos qué es esto…>> 

Relato: LA SEÑORITA RACIONAL (II) (By Álex)

LA SEÑORITA RACIONAL (II)



Cat había sido ascendida solo tres días atrás. Ya tenía dieciséis años, por lo tanto los profesores internos habían decidido promocionarla y convertirla en la nueva aprendiz de asuntos externos. << Quién lo hubiera dicho. Yo, la señorita racional como nueva aprendiz de relaciones exteriores. No sé que se proponen pero haré bien mi trabajo>> En su nuevo trabajo debía coordinar visitas, ayudar a la organización de eventos y lo más difícil, entablar una buena relación con los nuevos alumnos para con el Centro. En los dos días que llevaba trabajando de manera oficial de momento, no había hecho nada mal, cumplía con los horarios e incluso disfrutaba de su trabajo. Hasta el momento solo le habían encargado la coordinación de visitas y llevar la agenda de la nueva jefa encargada de asuntos externos, Julliete. Había algo extraño en esa mujer, siempre rondaba alrededor suyo y preguntaba cómo le iba la vida. Cat decidió que solo era una mujer que pretendía ser simpática con ella aún siendo su jefa. A parte tenía otros problemas más relevantes con los que mediar. Ele seguía obsesionada con su plan de escape y ella cada vez tenía menos ganas de participar en él, incluso habían discutido un par de veces sobre el asunto. Dos días atrás, el mismo día en el que empezaba a trabajar, Ele había llegado corriendo a su habitación para contarle la bestialidad que había hecho; le contó toda la aventura que había llevado a cabo en la administración y para qué le había servido.

-          Ahora podremos obtener la información que necesitamos del exterior y cómo poder salir de aquí Cat, ¿ lo entiendes? Pronto seremos libres. Le había comentado entusiasmada Ele.
-          No entiendo porqué te has arriesgado tanto solo para encontrar una contraseña que no parece ayudar para nada a tú plan. No le encuentro la lógica… No le dio tiempo de acabar la frase, Ele estalló en un frenesí de ira.
-          ¿AHORA ES MI PLAN? ¡Cat tú estabas de acuerdo con llevarlo a cabo! ¿Qué pasa, ahora no quieres huir? Si por un momento te pararas a pensar en lo que significa esto para mí y pararas de buscar la lógica a todo. Ele realmente parecía dolida, pero su arrebato continuó - ¿Sabes qué? Realmente no sé porqué me esfuerzo tanto en algo que seguramente no se lleve a cabo. A veces pienso que mi único apoyo es Pequemiau Cat. Y es un gato. Realmente estaba dolida, no había marcha atrás.
-          Ele, yo…
-          Si vas a decir algo que me termine de destruir no lo hables, me marcharé y punto.
-          Solo quiero que comprendas esto, yo no tengo nada y a nadie con quien ir fuera de este Centro. Una vez fuera, me volveré a sentir tal y como me sentía nada más llegar a aquí. Por una vez, Cat había hablado con el alma y había apartado la lógica por un momento. No fue suficiente.
-          No lo entiendes ¿verdad? Ninguno de nosotros aparentemente tenemos nada fuera… pero hay algo que sí tenemos. Nos tenemos a nosotros pero parece que no significa nada para ti. Acto seguido, comenzó a llorar.
-          Ele, yo… lo siento. Intentó establecer contacto corporal para poder mitigar la tristeza de Ele pero…ya era tarde.

Ele se apartó de ella, y se dispuso a marcharse dolida y llorando. Pero antes, sacó de su bolsillo un papel doblado. Cuando Cat vio lo que era incluso sintió lástima, nunca pena. Ponía lo siguiente:

PARA MIS GRANDES COMPAÑEROS DE BATALLA, OS HAGO ENTREGA DE UNA INVITACIÓN A LA GRAN FIESTA DE INAUGURACIÓN DEL NUEVO ABREVADERO DE LAS ALMAS. HOY A LAS 20:00H, YA SABÉIS DONDE.

El papel estaba decorado con bellos estampados y las letras tenían un bello formato. Cat entonces comprendió que no se celebraría y que algo se había roto. Lo peor era que no tenía ningún apoyo. Sus compañeras de apartamento estaban preparando sus últimos exámenes y Jandro no tenía suficiente tiempo para estar con ella entre los exámenes, las prácticas, los castigos y Trevor, claro. Algún día tendría que tener una charla con Trevor sobre el porqué de tanta absorción, se llevaban muy bien pero no entendía algunas miradas o gestos que dirigía Trevor a Jandro. Lo único que sabía es que Jandro disfrutaba de su compañía y, en parte, agradecía que tuviera contento a su gran amigo.

Igualmente no quería pensar en sus problemas, era su primera guía turística en el Centro y debía mostrar la mejor sonrisa según Julliete. Según su encargada, la gruñona Lemore, con que hiciera una buena guía le ponía su “puta estrellita” en sus notas y las dos contentas. Realmente estaba emocionada, no sabía por qué, pero lo estaba.

Eran las once menos veinte y los recién llegados llegarían a las doce. Su tour era básico, por supuesto, era aprendiz. Solo debía enseñar lo básico, valga la redundancia. En una hora debía mostrar las dos alas laterales muy por encima, y centrase en el ala principal. El ala principal era otra cosa, tendría que enseñar la sala de administración, las distintas clases, el pabellón deportivo, la secretaría del centro, los despachos de los jefazos y por último la gran torre de la Biblioteca. No tendría problema había organizado todo, y lo que ella organizaba nunca fallaba. El día anterior ya había organizado toda la visita e incluso había pedido información sobre los recién llegados. Quería que su primera guía fuera un éxito, y lo conseguiría. Conseguir los horarios idóneos para las visitas no fue difícil, pero la información de los recién llegados fue otra cosa. Incluso había llegado a hablar con Julliete para conseguirlo.

-          Disculpe, mi señora. Me agradaría poder disponer de la información de los recién llegados para así conseguir una mayor eficiencia. Había dicho cortésmente, una vez le había dado paso a entrar en su despacho y se había sentado.
El despacho era simple, pero por algún motivo esa simplicidad le encantaba. Todo ordenado, todo limpio y organizado y los colores del despacho hacían sentir tranquilidad. Los muebles eran modernos y de gamas de color grises, blancas y negras, le encantaba. Era amplio, aunque no estaba cargado de trastos, simplemente lo justo. Por lo que sabía Cat, Julliete debía ser importante porque tenía un despacho lujoso con terraza con vistas al horizonte del acantilado y ventanas. Estaba situado en una de las torres centrales, la Torre de la Moneda y en la parte más alta << Vaya, si está en la parte más alta. Me ha costado subir al despacho una barbaridad y como es medio castillo medio edificio no posee grandes instalaciones>>. El Centro tenía tres Torres centrales, una más alta que otra y todas en el ala principal. La más alta era la Torre del Centro, la siguiente era la Torre de la Moneda y la última la Torre del Maestro. Por lo que sabía Cat, cada una estaba dominada por los profesionales de cada sector. La Torre del Centro, los jefazos; la Torre de la Moneda, los profesionales de finanzas, administración y relaciones sociales; y por último la Torre del Maestro, donde estaban los maestros. Todas ellas comunicadas entre sí, mediante puentes cubiertos estilo medieval. El Centro era medio castillo medieval medio edificio moderno pero algunos accesos eran realmente medievales. Los puentes cubiertos, cobertizos, salas de reunión y algunas clases. Por otra parte poseía grandes instalaciones tecnológicas, la Sala de Entrenamiento, el Pabellón Deportivo… y por no decir todos los recursos de comunicación y sociabilidad.
-          Por favor, bastante con que sea mitad castillo cómo para hablar de manera cortesana. Jajajaja. Rió con ganas, pero notaba cierta melancolía en sus palabras, pero eso siempre pasaba cuando estaban juntas.
-          De acuerdo Señorita Julliete.
-          Eso está mejor. En cuanto a lo que me has pedido no sé si está permitido, seguro que no pero bueno…
-          Simplemente es para… No llegó a acabar la frase, Julliete levantó una mano en señal de que parara
-            Sí, te entiendo Cat. El nombre lo decía de una manera tan solemne que daba miedo – El caso es que no te preocupes, si tú no difundes por ahí lo que leas aquí no pasa nada, haré la vista gorda
-          Muchísimas gracias. Yo… se lo agradezco enormemente. Realmente estaba entusiamada.
-          Te lo agradezco yo a ti, por parecerte tanto a mí. Otra vez aquella melancolía.
-          Supongo… que gracias.
-          Puedes retirarte, he de cumplir con mis menesteres. Se giró en su silla rápidamente, pero no lo suficientemente rápido para que Cat no viera caer una lágrima.
Concluyó que debía marcharse después de esa reacción. Algún día hablaría con ella largo y tendido, como amigas y compañeras en la vida. Por alguna razón aquella mujer le caía muy bien y no sabía por qué.

<<A lo mejor Ele lo sabría, yo soy demasiado lógica, La Señorita Racional>> Sonrió por el pensamiento que había tenido y revisó por enésima vez los informes de los futuros recién llegados. Por suerte habían dividido el grupo en tres partes. En principio eran dieciocho y a ella le tocaban seis de ellos. Empezó repasar el informe.

Nombre: Vareon                                                                                   Nombre: Marcia
Apellido: Ghiscaro                                                                              Apellido: Larenze
Género: M                                                                                                         Género: F
Edad: 9                                                                                                                Edad: 10
Nacionalidad: Floriano                                                               Nacionalidad: Bellaria
Lugar de procedencia: Flora                                         Lugar de Procedencia: Venizi
Habilidades: Luchador, estratega                                                     Habilidades: Arte
Departamento adscrito: Milicia                     Departamento adscrito: Artes y Diseño

Nombre: Virlomi                                                                                     Nombre: Aerys
Apellido: Sharma                                                                                 Apellido: no-data
*Familia: Dinastía Sharma                                                                            Género: M
Género: F                                                                                                            Edad: 14
Edad: 15                                                                                Nacionalidad:  Libertoshi’i
Nacionalidad: Indashi’i                                             Lugar de Procedencia: Liberto’s
Lugar de Procedencia: Dhelir                             Habilidades: agricultura, topografía
Habilidades: medicina                                  Departamento(s) adscrito(s): Topografía
Departamento adscrito: Medicina, tutor Jandro

Nombre: Brandon                                                                                 Nombre: Esthela
Apellido: Blount                                                                                   Apellido: no-data
Género: M                                                                                                         Género: F
Edad: 21                                                                                                              Edad: 25
Nacionalidad: Yuzcario (trabajador)         Nacionalidad: Tolleri’i (esclava/tachado)

En las fichas que le habían entregado faltaba mucha información y había algunas cosas tachadas pero aún así a Cat le valía para su trabajo. Le había sorprendido mucho saber que la tal Virlomi se convertiría en aprendiz de Jandro. Eso significaba dos cosas, Jandro había ascendido y que ahora sería profesor tutor. También le había sorprendido las nacionalidades, no había ninguna igual y tampoco conocía ninguna. En el Centro solo enseñaban cultura antigua de Antes del Héroe, cuando aún existían los continentes, países y demás. Por lo que sabía ella, todo lo había averiguado recientemente, el mundo actual se basaba en unas cuantas repúblicas, reinos o territorios independientes y alguna que otra monarquía. No sabía nada más.


Ya no quedaba nada, eran las doce y los nuevos ya estaban atravesando las puertas. La visita ya iba a empezar. Se dirigió hacia los nuevos guiados por un guardia del Centro, Rhael, el más simpático de todos. Llegó a donde estaban ellos, respiró hondo y dio un paso adelante. <<Es el momento, bienvenidos al infierno que os debo camuflar>>

domingo, 1 de diciembre de 2013

JUEGO DE TRONOS

Es importante decir que yo, Álex, tengo una clara obsesión con la gran saga de Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin. También me gusta la serie, pero siempre son mejores los libros. Lo dicho, a partir de ahora esta fantástica saga comenzará a tomar importancia en este blog.
Empezaré con estos magníficos vídeos: